martes, 7 de febrero de 2012

MORENA DE AYER

Hoy te he visto llorar morena de ayer
y con tus lágrimas grandes de dolor
mojar las faldas golpeadas de tu piel
como las suaves gotas de rocío de un tierno amanecer.

Las riquezas de odio que escondías
quedaron guardadas en el silencio olvido
y de los juegos del pensamiento mísero
brotaron versos de tibios abrigos.

Esconderme de veras quisiera
en el espacio profundo de tu mirada
donde los vacíos se pierden
como el punto final de una distancia.

Para cuando recibas esta carta
a través del transparente cristal
devores las palabras del tesoro
como una seña de amor.

Morena de ayer en tu limpia sonrisa
encontrar un pequeño rincón quisiera
para depositar mis ansias de amar
y me guardes un poco en tu corazón.

SEGUNDO CASTILLO
BERLIN DE MIS AMORES
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CANTO DE LOS PAJAROS

Los aires de mi infancia
en escombros de recuerdos quedaron
y en mi camino solitario
quedaron las huellas de un pasado.

De mi realidad olvidada y golpeada,
del ambiente olor a quechua,
de los árboles y del canto de los pájaros,
de la vieja que tuesta la cancha en la callana,
de mi gente pasiva y embravecida
donde las tierras se riegan con sudor.

Agrio naranjo, nido de shusheques,
rojo cansaboco, hogar de las chilalas,
testigos de mil romances,
fuentes de inspiración,
cuántas veces fueron tus ramas desgajadas
derrumbando las pajas y el barro
que de hogar les servían.

Al empezar el nuevo día,
cuando los rayos del sol golpean tu ventana,
los shusheques, las chilalas,
los tordos, chiclones y guardacaballos,
el quinde, la putilla y los pichiruchis1
elevaban su canto al paso del campesino.

En silencio y hambre de meditación,
en la rústica alcoba de madera
silba el viento puro andino
como una marca del destino,
rompen los oidos placeres,
el rudo y melancólico
canto de los pájaros.

SEGUNDO CASTILLO
VERSOS DE DOLOR Y ESPERANZA
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LA ESPERA

Hoy la estuve esperando
y juro que no fue en vano,
recibí el beso más dulce y profundo
y al tocarla estaba mojado,
grandes gotas de lágrimas
cruzaban su rostro.

Sentí la emoción más fuerte
cuando la estreché entre mis brazos.
La pude tocar y acariciar,
y en ese mar de llanto
nos volvimos un solo ser.

Los gritos y las miradas
jamás terminaron.
Como en una explosión
nos unimos en un abrazo,
en una inmensa lucha
como dos fieras amorosas
embarcadas en el camino del placer,
esforzándonos por encontrar
la felicidad,
la comprensión,
la proyección.

Al despertar mojados
sin ganadores ni perdedores
fuimos triunfadores los dos.

segundo castillo

versos de dolor y esperanza

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